La glándula tiroidea está constituida por dos lóbulos unidos por un itsmo tiroideo y pesa en el hombre aproximadamente 20 a 40 g. Está situada en la región anterior del cuello, por delante de la tráquea. Embriológicamente se origina de una avaginación del techo de la faringe en la base de la lengua. Desciende de aquí a su posición definitiva, dejando en su trayecto el conducto tirogloso que posteriormente se atrofia.

Histológicamente está formada por folículos que contienen en su interior un material amorfo, coloidal, constituido por una proteína, la tiroglobulina. Esta juega un papel importante en la síntesis y almacenamiento de las hormonas tiroideas: Entre los folículos se encuentran agrupaciones celulares, llamadas parafoliculares, responsables de la secreción de tirocalcitonina.

La tiroides, como todas las glándulas endocrinas, dispone de una abundante irrigación sanguínea. Las arterias tiroideas se ramifican formando redes capilares que rodean los folículos y facilitan el paso de las hormonas a la sangre.

La glándula produce dos hormonas: la triyodotironina (T3 y la tetrayodotironina  (T4  ) o tiroxina. Ambas juegan un rol importante en la regulación del metabolismo oxidativo, manteniéndolo dentro de los límites adecuados para la actividad normal del organismo. Estas hormonas, conjuntamente con la  somatotrofina, tienen una participación importante en el control del crecimiento y maduración de los tejidos.

El lóbulo anterior de la hipófisis secreta la hormona tiroestimulante o TSH, que estimula el crecimiento de los folículos y la síntesis y secreción hormonal. La secreción de TSH es estimulada por un factor liberador proveniente del hipotálamo

La  secreción de estas hormonas depende del sistema hipotálamo-hipofisiario, cuya actividad se encuentra a su vez, regulada a través de un sistema de retroalimentación negativa. Tanto la extirpación de la hipófisis como la lesión del hipotálamo, producen la atrofia de la glándula tiroidea.

En condiciones fisiológicas la disminución del nivel sanguíneo de (T3 y (T4  ) estimula la secreción del factor liberador en el hipotálamo y la entrega de TSH en la hipófisis. Esta última, al activar la glándula tiroidea, aumenta el nivel circulante de (T3 y (T4  ). La elevación de (T3 y (T4  ) en la sangre, tiene un efecto opuesto. Este sistema de retroalimentación negativa permite mantener constante los niveles sanguíneos de las hormonas tiroideas.

Además del mecanismo de retroalimentación negativa, recién mencionado, la secreción delfactor liberador y de TSH, está influenciada por la corteza cerebral y por estímulos periféricos (especialmente de la temperatura ambiental). Es así como emociones, el frío, etc. aumentan la secreción del factor liberador y de TSH. El organismo puede adaptarse en esta forma a situaciones de emergencia que requiera mayor aporte energético.

 

Acciones de las hormonas tiroideas.

Estimulan el metabolismo oxidativo y consecuentemente el consumo de oxígeno y la producción de calor a nivel de todos los tejidos, con excepción del cerebro, útero, ganglios linfáticos, testículos y adenohipófisis. Los procesos oxidativos que se realizan principalmente en las mitocondrias, se modifican bajo el efecto de las hormonas tiroideas en tal forma, que la energía liberada como calor es proporcionalmente mayor que normalmente. Debido a esto, para cubrir los requerimientos energéticos de trabajo, es indispensable ingerir mayores cantidades de alimentos. A pesar de la mayor ingestión, los hipertiroideos pierden peso.

La acción calorigénica de las hormonas tiroideas es importante para la adaptación del organismo al frío.

Las hormonas tiroideas estimulan la absorción intestinal de glucosa y es así como en algunos casos la hiperfunción tiroidea se acompaña de hiperglucemia. Esta tiene, sin embargo, carácter transitorio, ya que es rápidamente compensada por aumento de la secreción de insulina y por la mayor combustión de hidratos de acrbono en los tejidos cuyo metabolismo está aumentado por efecto de hormonas tiroideas. Aunque las hormonas tiroideas aumentan la síntesis de colesterol, el nivel sanguíneo de éste disminuye en el hipertiroidismo  debido a la mayor utilización y a su mayor  eliminación por la bilis.

Referente al efecto de las hormonas tiroideas en el metabolismo proteico, hay que recalcar que, en dosis fisiológicas, estas hormonas tiene una acción anabólica, especialmente durante el crecimiento. En caso de hipertiroidismo o de suministro excesivo de hormonas tiroideas exógenas, se observa un marcado incremento del catabolismo proteico.

Aunque la tiroxina no intensifica el metabolismo cerebral, se déficit produce  inhibición de los procesos mentales, los que se normalizan al suministrar la hormona. Se supone que esto se debe el déficit de hormonas tiroideas dismunuye el efecto estimulante de las catecolaminas sobre las funciones cerebrales.

Las hormonas tiroideas tienen una importancia fundamental en el desarrollo normal del sistema bnervioso central y periférico en el lactante y en los niños, en que la barrera hematoencefálica aún no se ha establecido totalmente. La mielinización de los axones y el desarrollo neuronal se ven alterados por la falta de la hormona, produciendo deficiencia mental. Esta se hace irreversible en caso de que no se inicie un tratamiento hormonal precozmente, antes que la barrera hematoencefálica impida el paso de la hormona hacia las células nerviosas.

Las hormonas tiroideas son indispensables para el normal crecimiento y formación. El crecimiento en el niño hipotiroidea es lento e incompleto (talla menor que la normal) a pesar de que los cartílagos epifisiarios se cierran tardíamente y aunque se mantenga experimentalmente la secreción de hormona de crecimiento en forma normal.

En relación con otras glándulas endocrinas, las hormonas tiroideas no sólo estimulan la secreción de catecolaminas por la médula suprarrenal, sino que tienen relaciones sinérgicas con ellas, probablemente por actuar con los mismos receptores tisulares

 

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Página creada y editada por Fresia Quintana Jara Profesor de Estado en Biología y Ciencias Universidad de Chile