En la mujer, el nivel de gonadotrofinas hipofisiarias varía en forma cíclica. Dado que estas hormonas actúan sobre los órganos genitales, éstos sufren ciertos cambios que se van sucediendo cada 28 o más días (dependiendo de la mujer).

La finalidad es una sola: Posibilitar el desarrollo de un nuevo ser. Así cada mes el organismo femenino se prepara para una posible fecundación. Para ello se requiere la maduración de un ovocito I en cada ciclo, y la preparación de la mucosa uterina para albergar al embrión. Este patrón recurrente de niveles hormonales y de cambios en los tejidos en la mujer se conoce como ciclo menstrual.
El sistema de regulación hormonal es extremadamente complejo. En él participan las hormonas femeninas (estrógenos y progesterona), las hormonas gonadotrofinas (FSH y LH) y la hormona liberadora de gonadotrofinas (GnRH) del hipotálamo.

 

a) Etapa Preovulatoria.

 

Esta etapa se caracteriza por ser de duración variable y su extensión depende de la duración del ciclo de la mujer.

Cambios a nivel de los ovarios (ciclo ovárico)
Desde el momento de la menstruación, los niveles del hormona FSH y LH comienzan a aumentar ligeramente; el aumento de FSH es algo mayor y precede unos pocos días al de la LH. La FSH induce el crecimiento acelerado de varios folículos primordiales, 5 - 15 folículos (aproximadamente), cuyo proceso es conocido como Foliculogénesis.
A medida que crece el folículo, el ovocito I (detenido en profase I) aumenta su tamaño y es rodeado de una capa de células (células de la Granulosa), quedando desplazado hacia uno de los polos del folículo. De esta manera recibe el nombre de cúmulo ovígero. A medida que esto va ocurriendo, las células de la granulosa y probablemente el ovocito, secretan una capa glucoproteica conocida como zona pelúcida.
Por otro lado, la FSH estimula las células periféricas del folículo (teca interna y externa) a producir la hormona sexual femenina conocida como estrógenos. De este modo, el nivel de estrógenos comienza a aumentar progresivamente.

Todos los procesos ya descritos se desarrollan en un lapso más o menos constante, por lo cual el momento de mayor producción de estrógenos ocurre hacia el día 14 del ciclo.

 

Cambios a nivel del endometrio (ciclo menstrual).

 

La fase menstrual o menstruación abarca aproximadamente los primeros cinco días de cada ciclo. El flujo menstrual contiene de 50 a 150 ml de sangre, líquido tisular, moco y mucosa uterina. Ocurre por la disminución de los niveles de  hormonas ováricas, principalmente progesterona. Entre el día 5 y el día 14, los niveles de estrógeno van aumentando y actúan en el endometrio; la mucosa aumenta de grosor, así como el número de glándulas y vasos sanguíneos. De esta manera, la fase preovulatoria también es denominada fase proliferativa o estrogénica.

 

b) Ovulación

 

La ovulación o rompimiento del Folículo de Graff y liberación del ovocito II ocurre, por lo general, en el décimo cuarto día del ciclo.
Las concentraciones altas de estrógenos hacia el final de la fase preovulatoria ejercen un efecto de Feed Back positivo en la producción de FSH y LH, produciéndose una descarga brusca, especialmente de LH. Esta descarga actúa a nivel del folículo maduro o de Graff, generando la expulsión del ovocito (durante su maduración se transformó en ovocito II).
El ovocito II sale rodeado de una capa de células (corona radiada) y con parte del líquido folicular, desplazándose hacia la trompa de Falopio. El resto del folículo, es decir, las tecas internas y externas, la granulosa y parte del antro folicular, quedan dentro del ovario. Este ovocito II, recordemos, está detenido en la metafase de la segunda división meiótica.

 

c) Fase Postovulatoria.

 

Cambios a nivel de los ovarios
S
e caracteriza por ser estable, en todos los ciclos, con una duración de 14 días.
Después de la ovulación, la LH produce luteinización del folículo. Así, las estructuras remanentes del folículo cambian su programa metabólico (siempre estimuladas por la concentración de LH en la sangre), transformándose en el cuerpo lúteo, el cual estará encargado de la secreción de progesterona y estrógenos durante la segunda mitad del ciclo (fase Lútea). A medida que los niveles de progesterona y estrógenos aumentan, juntos inhiben la producción de GnRH a nivel del hipotálamo y, así, la producción de las hormonas FSH y LH.
Si llegado el término del ciclo ovárico no se produce fecundación e implantación en el útero, el cuerpo lúteo involuciona y se transforma en cuerpo albicans, de tal manera que la producción de hormonas ováricas cae. El cuerpo albicans permanece como cicatriz en el ovario.
Sin el apoyo hormonal, el endometrio no puede mantenerse estable y una porción de él se desprende con el flujo menstrual. Luego en respuesta al nivel bajo de hormonas ováricas, el nivel de hormonas gonadtrofinas comienza a elevarse nuevamente, de tal manera que otros folículos comienzan a desarrollarse en un nuevo ciclo sexual.

Si hay fecundación, comienza a secretarse (por parte de un grupo de células del cigoto) una hormona llamada gonadotrofina coriónica, que mantiene la función del cuerpo lúteo hasta el tercer mes de embarazo, fecha en que es reemplazada por la placenta en la producción de hormonas (especialmente progesterona).

 

 

Cambios a nivel del endometrio


En la segunda mitad del ciclo, los estrógenos y la progesterona secretadas por el cuerpo lúteo promueven el crecimiento y enrollamiento de las glándulas uterinas, vascularización del endometrio superficial y engrosamiento del endometrio hasta 12 a 18 mm. En relación al ciclo sexual, esta  fase es denominada Fase Secretora, producto de la actividad secretora a causa de las glándulas endometriales.
Por lo tanto, al final del ciclo, el endometrio está congestivo, grueso y con gran número de glándulas. Es decir, está preparado para la posible implantación del cigoto. Si esto no ocurre, el cuerpo lúteo cesa su función. Al no producirse más progesterona y estrógenos, cesa la acción que sostenía el endometrio, y éste se desprende junto con sus vasos se produce la menstruación y comienza así un nuevo ciclo.
El ciclo en una mujer habitualmente dura alrededor de 28 días, pero la existencia de variaciones individuales es común. Aún en las mujeres con ciclos de duración promedio la ovulación no siempre ocurre en el mismo momento del ciclo. De esta manera, el "método del ritmo" es un método poco confiable en el control de la natalidad.

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Página creada y editada por Fresia Quintana Jara Profesor de Estado en Biología y Ciencias Universidad de Chile